miércoles, 30 de noviembre de 2011

Grizzly Man

Grizzly Man de Werner Herzog cuenta la vida de Timothy Treadwell, un ecologista y documentalista que durante 13 veranos convivió y filmó a los osos pardos de Alaska, conocidos en inglés como Osos Grizzly, hasta que uno de ellos lo devoró. A él y a su novia Amy.

A Herzog lo que le interesa el retrato de un ser atormentado que huye de una sociedad en la que no encaja, y que trata de sublimar sus problemas con el subterfugio de una lucha por sus ideales, en este caso, la protección de los osos pardos. La intención de Herzog es contar la vida de un hombre que pretendía conocer el lenguaje de las fieras salvajes, que creía tener el don de hacer llover a través de la oración y que dormía en su tienda, a la intemperie, abrazado a su oso de peluche.

Es un documental de Herzog, quien no tiene ningún problema en intervenir en la trama e, incluso, compararse con Treadwell. Salvo que Herzog difiere en la visión que Treadwell tiene de la naturaleza. Herzog no encuentra razgos de inteligencia o humanidad en los osos pardos, famosos por su ferocidad como depredadores. Herzog sabe que son maquinas de muerte, guiadas por el instinto y a los que sólo les interesan sólo dos cosas: comer y reproducirse.

Herzog se acerca a su personaje con humanidad y, aun, con piedad. Grizzly Man es, ni más ni menos, el mejor homenaje que alguien como Treadwell se merece.

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